Limpiar los vasanas previamente

Limpiar los vasanas previamente

27/12/2025 0 Por Alias_Sanscrito
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Existe hoy un anhelo extendido de “iluminarse”, de salir de la llamada matrix y despertar a una verdad más profunda. Sin embargo, muchas personas descubren con sorpresa —y a veces con angustia— que cuando comienzan a meditar o a mirar honestamente hacia su interior, no aparece la paz prometida, sino un torrente de contenidos inconscientes que los desbordan. Viejos miedos, heridas emocionales, impulsos reprimidos y patrones reactivos emergen con fuerza. Desde la perspectiva del Vedanta, esto no es un error ni un retroceso: es una consecuencia natural de dirigir la atención hacia la mente sin haberla purificado previamente. Pretender la iluminación sin limpiar los vasanas (वासना) es como intentar encender una lámpara en una habitación llena de humo; la luz existe, pero no puede verse con claridad.

Los vasanas son impresiones latentes acumuladas a lo largo de la vida —e incluso, según la tradición, de múltiples existencias— que permanecen almacenadas en Citta, esa parte de mente que es el depósito de la memoria y de los condicionamientos. Estas impresiones condicionan el funcionamiento de manas, la mente pensante y oscilante, que reacciona constantemente entre atracción raga (राग) (apego o deseo hacia algo placentero) y rechazo dvesha (द्वेष) (aversión o rechazo hacia algo doloroso). Cuando una persona se sienta a meditar, el ruido habitual del mundo externo disminuye, y entonces aquello que estaba oculto en citta (la memoria) comienza a manifestarse. Sin una buddhi madura —la facultad del discernimiento, la mente discriminativa— este proceso puede vivirse como desestabilizador, generando confusión y reforzando el ahamkara, el sentido del yo separado que se identifica con el sufrimiento y se apropia de la experiencia.

Por eso, el Vedanta insiste en la preparación interior. Antes de aspirar a estados elevados de conciencia, es necesario poner orden en la vida, establecer una jerarquía clara de valores y aprender a observar la mente sin identificarse con ella. Limpiar los vasanas no significa reprimirlos ni luchar contra ellos, sino traerlos a la luz de la conciencia con honestidad y compasión. El perdón —hacia uno mismo y hacia los demás— cumple aquí un papel central, porque desactiva la carga emocional que mantiene vivos los traumas del pasado. Al ser vistos y comprendidos, los vasanas comienzan a perder su poder.

Este proceso también implica una depuración gradual de los deseos. Mientras el manas esté dominado por anhelos compulsivos y aversiones automáticas, la mente seguirá agitada. Buddhi, fortalecida por la reflexión y el autoindagación, aprende a guiar al manas y a relativizar las demandas del ahamkara. Poco a poco, la mente se vuelve más transparente y menos reactiva, permitiendo que la conciencia se establezca en sí misma.

El objetivo último no es una experiencia espectacular, sino convertirse en un Sthita prajña (स्थितप्रज्ञ), alguien cuya sabiduría es estable, cuya conciencia no se ve sacudida por las olas de los contenidos mentales. Esta estabilidad no surge de ignorar la sombra, sino de haberla atravesado. Limpiar los vasanas previamente es, por tanto, un acto de madurez espiritual. Solo cuando el caos interno se ordena, la mente se aquieta y la identidad limitada se afloja, puede reconocerse con claridad aquello que siempre ha estado presente: la conciencia libre, silenciosa y no condicionada que el Vedanta señala como nuestra verdadera naturaleza.